Una despedida entrañable

En el claustro de los Jerónimos, el Museo del Prado tuvo el detalle de reunir a un grupo de amigos para despedir con una cena a Gabriele Finaldi, hasta hace unos días director adjunto del Museo. Celebrábamos su marcha a dirigir la National Gallery de Londres, de donde salió hace una docena de años para venir a El Prado.

Su labor ha sido magnífica y difícil de agradecer. Pero la recompensa ha sido la única justa: volver a casa a dirigir la National Gallery donde inició su magnífica carrera.

Esperando con desgana los discursos correspondientes para estas ocasiones, me sorprendió una joven pianista que tomó la palabra y, con voz delicada, nos explicó el programa que sustituiría a los discursos: dos obras de Joaquin Turina al piano, conmemorando una “La Anunciación”, de Fray Angélico y, la segunda, “Las Lanzas” de Velázquez.

Fue un hermoso descubrimiento para mí, y Marta Espinós las interpretó con maestría.

Terminados los recuerdos de El Prado para Gabriele, Marta nos contó una bella historia sobre la cantata  47 de Bach – antes de interpretarla- y su relación con la National Gallery de Londres. Eran los años de la II Guerra Mundial y una pianista alemana, de nombre Myra Hess, se movilizó para aliviar “el vacío cultural y moral de los londinenses”, impulsando una serie de conciertos populares en la National Gallery, despreciando incluso los bombardeos. La Cantata 47 de Bach cerró el primer concierto.

Marta nos dejó boquiabiertos.

Gabriele se lleva estos dos recuerdos musicales para siempre: Fray Angélico y Las Lanzas de Turina, con El Prado, y la Cantata 47 de J.S. Bach, con las mejores horas de la National Gallery.

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