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Rusia y Ucrania a debate en Munich

Mañana empieza oficialmente la Conferencia de Seguridad de Munich de 2015. Llevo ya muchos años asistiendo, y he vuelto a Alemania para analizar con importantes personalidades las soluciones a los grandes problemas de seguridad global.

Este año se centrará, en otras muchas cuestiones, en Ucrania, Rusia y el conflicto que enfrenta al gobierno de Kiev con los rebeldes prorrusos.

Estos días se han ido publicando varios artículos con posiciones diferentes respecto a la conveniencia o no de armar a Ucrania en el conflicto.

Wolfgang Ischinger, el presidente de la Conferencia de Seguridad de Munich, escribía hoy en Financial Times que o se ofrecen armas a Ucrania o la violencia continuará.

Facts from Ukraine will probably not make it into all Russian living rooms. But for international opinion, especially in Europe, more information would help to discredit the arguments of those who advocate a softer sanctions policy. Ending the violence in Ukraine requires new thinking. Those who flatly refuse to consider the difficult options should be aware that inaction also carries responsibility. If we do nothing we may well find out that there can and will be a military solution to the crisis over Ukraine.

En ese mismo sentido se manifestaban Steven Pifer y Strobe Talbott la semana pasada en el Washington Post. Pifer es exembajador de Estados Unidos en Ucrania y Strobe Talbott es el presidente de la Brookings Institution, además de buen amigo.

The new year has brought more misery to Ukraine. Separatist fighters, supported by Russian troops, have launched attacks in Donetsk and Luhansk. Diplomatic efforts have made no progress toward a settlement — or even toward firming up a cease-fire that has all but collapsed. The West, including the United States, needs to get serious about assisting Ukraine if it does not wish to see the situation deteriorate further. That means committing real money now to aid Ukraine’s defense.

First, the White House and Congress must commit serious money to Ukraine’s defense: $1 billion in military assistance this fiscal year, followed by an additional $1 billion each in fiscal year 2016 and 2017. Second, the U.S. government should alter its policy and begin providing lethal assistance to Ukraine. To be sure, most of the above funds would go to nonlethal assistance. Third, the U.S. government should approach other NATO member states about assisting Ukraine, particularly those countries that operate former Soviet equipment and weapons systems compatible with Ukraine’s hardware.

Curiosa y admirablemente, la carta recibió contestación desde dentro de Brookings. Jeremy Shapiro, investigador en el centro que preside Talbott, publicaba hace dos días su desacuerdo explicando por qué armar a Ucrania era una mala idea.

The Ukrainian calculus is one of immediate desperation. But the United States needs to think for the longer-term. And if U.S.-provided weapons fail to induce a Russian retreat in Ukraine and instead cause an escalation of the war, the net result will not be peace and compromise. There has recently been much escalation in Ukraine, but it could go much further. As horrible as it is, the Ukrainian civil war still looks rather tame by the standards of Bosnia, Chechnya or Syria. Further escalation will mean much more violence, suffering and death in Ukraine.

Hace también dos días, y con motivo de la Conferencia, Project Syndicate publicaba una tribuna conjunta de Des Browne (exsecretario de Defensa británico), Igor Ivanov (exministro ruso de Asuntos Exteriores) y Sam Nunn (exsenador estadounidense y copresidente de la Nuclear Threat Initiative).

La titulaban ‘Securing the Euro-Atlantic Community‘.

Two years ago, together with a broad group of former officials and experts, we warned that, in the absence of a new military and political strategy for the Euro-Atlantic region, there was a risk that stability would weaken and security would break down. Sadly, there are clear signs that this is happening, with Europe now beset by its most serious and deadly crisis in decades.

The first step is to create a new Euro-Atlantic Security Leadership Group, personally mandated by presidents, prime ministers, and foreign ministers. The Leadership Group would conduct a continuous high-level dialogue focused on developing specific recommendations on key points relating to the Ukraine crisis and Euro-Atlantic security more generally, integrating political, economic, and security issues.

Finally, a new Euro-Atlantic security architecture must be empowered to act beyond traditional “military” matters and engage more broadly on economic, energy-related, and other vital issues. As long as a zero-sum mentality regarding economic integration, trade, and energy persists, distrust will deepen. These issues are crucial in resolving Ukraine’s security and economic crisis and preventing it from becoming a failed state.

Hoy, mientras tanto, Angela Merkel y François Hollande han estado en Kiev y van camino de Moscú buscando un impulso de paz. En Kiev también ha estado John Kerry, Secretario de Estado estadounidense.

Como cuenta El País:

La propuesta franco-alemana a Kiev y Moscú está “basada en la integridad territorial de Ucrania”. Se trata, señaló Hollande, de evitar la opción militar, de alejar el peligro de una “escalada” cuando “el conflicto se ha convertido ya en una guerra”. París apuesta por el diálogo, “pero la negociación no se puede prolongar indefinidamente”, ha advertido Hollande. Su iniciativa conjunta con Merkel ha estado precedida de numerosos contactos que ambos líderes europeos han mantenido en los últimos meses con los presidentes de Ucrania y de Rusia.

El conflicto ucraniano será largamente analizado y debatido estos días en Munich. Es necesaria una solución política para poner fin a un conflicto en suelo europeo que deja ya más de 5.000 muertos y que abre un innecesario foco de inestabilidad geopolítica.

 

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¿Qué hay detrás de la protesta contra el matrimonio gay en Francia?

View from Montmartre. Attribute to Flickr user ‘biggertree’ (creative commons)

Francia se ha convertido en el país número 14 en legalizar las bodas entre parejas del mismo sexo. No deja de resultar curioso, para un observador externo, el revuelo organizado por la oposición al matrimonio homosexual en dicho país. Sólo Italia, de entre los grandes Estados europeos, sigue sin reconocer algún tipo de unión civil para parejas homosexuales, y es un asunto que se acepta cada vez con naturalidad y normalidad en el mundo occidental.

Hoy se publica en Financial Times un interesante artículo que indaga en las verdaderas causas de las protestas en Francia. No sólo es el matrimonio homosexual, dice, sino que tras la oposición a la ley subyace una creciente inquietud por el futuro del país.

El motivo principal es político. La derecha está evolucionando como pocas veces antes. El Frente Nacional de Marine Le Pen está esperando su turno, dice el artículo, y subiendo en intención de voto. La UMP, por su parte, está paralizada por la sucesión del expresidente Sarkozy. El partido está dividido en dos, la corriente dura y anti-islamista de Jean François-Copé y la corriente centrista que apoya al ex Primer Ministro François Fillon.

Además, apunta, hay sectores católicos que desean que Francia vuelva a la senda de la virtud cristiana. Para ellos, señala el autor, el matrimonio homosexual sería la señal de alerta de los peligros que encierra el secularismo de la República.

Pero es mucho más que un examen de conciencia. Lo que se pone en duda es la labor de la élite gobernante que Charles de Gaulle creó tras la Segunda Guerra Mundial para restaurar la democracia. Esto se pone de manifiesto, dice el artículo, en lo poco que se habla sobre el bajo rendimiento de la educación superior. El debate, por el contrario, se centra en lo que pueda perjudicar a la Francophonie la enseñanza universitaria en inglés.

A todo lo anterior se suma la situación de Europa. La crisis ha provocado una amplia desafección ciudadana en Francia. La población cree que el país, que junto con Alemania había sido esencial en la integración del continente, queda ahora relegado a un segundo plano.

Poca gente quiere señalarse como extremista aludiendo la Francia de Vichy, sostiene el autor, pero la derecha sí utiliza el lenguaje de colaboración-resistencia de la guerra contra el actual gobierno de la República. De acuerdo con esa lógica, la administración de Hollande debe ser resistida en nombre de los valores franceses. A las alusiones históricas se añade lo que de verdad cuenta para oposición, continúa el autor, que es un peligro existencial de índole moral y una catástrofe demográfica que lleva a unir la lucha contra el matrimonio gay y la lucha contra el Islam.

Las marchas contra el matrimonio homosexual están cargadas, termina el artículo, de símbolos y temores que tienen su origen en la el declive de la importancia global de Estados como Francia.

Para remediarlo sólo hay una solución: la integración política de nuestro continente a través de la Unión Europea.

 

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